“¡Queridos hijos! Mientras miráis en la
naturaleza la riqueza de colores que el Altísimo os da, abrid el corazón y orad
con agradecimiento por todo el bien que tenéis, y decid: “he sido creado aquí
para la eternidad”, y anhelad las cosas celestiales, porque Dios os ama con un
amor infinito. Por eso, Él también me dio a vosotros para deciros: solamente en
Dios está vuestra paz y esperanza, queridos hijos. Gracias por haber respondido
a mi llamada”.
-HERMANDAD DE LA MISERICORDIA DIVINA- "Jesús, en Ti confío, en estas palabras se resume la fe del cristiano, que es la fe en la Omnipotencia del amor misericordioso de Dios" (Benedicto XVI) "Sed apóstoles de la Divina Misericordia" (Beato Juan Pablo II) *LA HUMANIDAD NO CONSEGUIRÁ LA PAZ HASTA QUE NO SE DIRIJA CON CONFIANZA A MI MISERICORDIA* (D. 300) (D. ---) [Diario, La Divina Misericordia en mi alma, de Santa María Faustina Kowalska. Editado por: Ediciones Levántate.]
miércoles, 26 de septiembre de 2012
domingo, 23 de septiembre de 2012
+ CORONILLA DE LA MISERICORDIA CAP. 4
Jesús continúa diciendo a Santa Faustina, que
en las cuentas del Ave María, se digan las siguientes palabras:
Por su dolorosa
Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
En cuanto ofrecemos en plenitud al Padre, a
Su Hijo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero; Jesús
pide que en cada cuenta del correspondiente decenario del rosario común, pidamos
con fe y confianza al Padre que tenga misericordia de nosotros y del mundo
entero, no por nuestros propios méritos o buenas acciones, que si las hay,
siempre son escasas, y Jesús lo sabe; por eso quiere que dirijamos nuestras
miradas y nuestros corazones a Su Dolorosa Pasión, para que por ella, descienda
hasta nosotros la Misericordia de Nuestro Padre.

Jesús nos quiere tanto y somos tan
importantes para Él, que no Le parece suficiente prueba de amor, haber ofrecido
al Padre Su Vida en la cruz, y rememorar ése Salvífico acontecimiento en cada
Eucaristía.
Ha tenido la Bondad de entregarnos una
conmovedora y poderosa Oración como es la Coronilla, para que en cualquier
momento o ante cualquier situación podamos coger nuestro rosario común, y
poniendo nuestros ojos y nuestro corazón en Su Dolorosa Pasión, con total
confianza, recemos la Coronilla, ante una persona que agoniza; por la
conversión de un pecador; para que alguien que no quiere a Dios porque no le
conoce, acabe conociéndole y amándole; por los Sacerdotes, para que sean buenos
y dignos representantes de Jesús; en fin por todas y cada una de las
necesidades que nuestro corazón o nuestra sensibilidad, nos haga ver la
necesidad de acudir a la Fuente de la Misericordia Divina.
Para terminar Jesús dice a Santa Faustina:
Dirás tres veces
estas palabras: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de
nosotros y del mundo entero.
Para finalizar Jesús quiere que nos dirijamos
al único Dios Verdadero, que es Santo, Fuerte e Inmortal, y le pidamos que
tenga piedad de nosotros y de todos los que en éste valle de lágrimas estamos
sufriendo en éste destierro.
Porque aunque nuestro cuerpo se identifique y
se encuentre cómodo con los placeres y las oportunidades de éste mundo, el
espíritu de hijos de Dios que hemos recibido, anhela fervorosamente el
encuentro con Nuestro Padre.
Ésta realidad nos pasa inadvertida con
frecuencia, pero es la causa fundamental de nuestro mayor sufrimiento, no estar
plenamente unidos en espíritu a Dios en éste mundo.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
* CORONILLA DE LA MISERICORDIA - CAP. 3
Jesús conoce perfectamente nuestra naturaleza
humana, sabe que por nosotros mismos, sin Su ayuda, al final de nuestra vida,
la mayoría de nosotros, estaremos más cerca de la perdición que de la Salvación.
Esta situación, Le causa un sufrimiento tan
intenso, como el que padeció durante Su Dolorosa Pasión, según refleja Santa
Faustina en diferentes apartados de su Diario.
Sufre…, por cada alma que se pierde, por cada
alma que está en peligro de perderse. Porque Él sólo anhela una cosa… ¡que
ningún alma se pierda!
Por ese motivo Él, libremente, aceptó en
plenitud, el plan de Salvación que Nuestro Padre Dios, había proyectado
realizar por medio de Su Único Hijo, y así convertirse en Víctima propiciatoria,
para recoger y asumir en Él todos los pecados del mundo, pasados, presentes y futuros,
y ofrecer Su Vida en una ignominiosa Pasión y Muerte en la Cruz, y de ese modo,
rescatarnos del poder del pecado, que inevitablemente nos conduce a la muerte
Eterna en el Abismo infernal.
Por tanto, desde el mismo instante en que Él
Resucitó, ¡Todos los Bautizados en el seno de la Santa Iglesia que Él
constituyó, estamos salvados! ¡Todos podemos vencer al mal y a la muerte, si
confiamos en Él y Le somos fieles!
Jesús nos salvó a todos hace más de dos mil
años y desde entonces, sigue salvándonos todos los días. Para ello nos dejó
instituido el Sacramento de la Reconciliación y la celebración de la Eucaristía,
Memorial de la Muerte y Resurrección de Jesús que se realiza en oblación
(ofrenda y sacrificio) al Padre, durante la celebración de la Santa Misa.
Para poder conseguir Su anhelo, de que ningún
alma se pierda, pide, que una vez rezadas las oraciones anteriormente
mencionadas, en las cuentas correspondientes al Padre nuestro, se digan las
siguientes palabras:
Padre Eterno, Te
ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo,
nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo
entero.
Breves palabras, que contienen un profundo e
impresionante mensaje de Amor.
Estas palabras que Jesús dice a Santa
Faustina a modo de oración, me recuerdan
una frase que he oído en alguna ocasión: “Amar no es dar, es más bien, darse”
Se nos da “Personalmente” en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, para
que se lo ofrezcamos directamente al Padre
Eterno, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero.
“Darse”, es lo que hace Jesús una vez más, a
todos los hombres y mujeres, que confían en que Él, es la Fuente de la
Misericordia Divina y que sólo en Él, podemos y debemos mantener intacta
nuestra salvación.
lunes, 3 de septiembre de 2012
+ MENSAJE DE LA VIRGEN EN MEDJUGORJE 02-09-12
Queridos hijos, mientras mis ojos os miran, mi alma busca almas con las cuales
desea ser una sola cosa, almas que hayan comprendido la importancia de la
oración por aquellos hijos míos que no han conocido el Amor del Padre
Celestial. Os llamo porque tengo necesidad de vosotros. Aceptad la
misión y no temáis: os haré fuertes. Os llenaré de mis gracias. Con mi amor os
protegeré del espíritu del mal. Estaré con vosotros. Con mi presencia os
consolaré en los momentos difíciles. Os gradezco por vuestros corazones
abiertos. ¡Orad por los sacerdotes! Orad para que la unión entre Mi Hijo y ellos
sea lo más fuerte posible, para que sean una sola cosa. ¡Os doy las gracias!”lunes, 27 de agosto de 2012
* MENSAJE DE LA VIRGEN EN MEDJUGORJE 25-08-12
Queridos hijos, también hoy, con la esperanza en el corazón, oro por vosotros y
doy las gracias al Altísimo por cada uno de vosotros que vivís mis mensajes con
el corazón. Agradeced al amor de Dios porque puedo amaros y guiaros a cada uno
de vosotros por medio de mi Corazón Inmaculado, y también hacia la conversión.
Abrid vuestros corazones y decidíos por la santidad, y la esperanza hará nacer
la alegría en vuestros corazones. Gracias por haber respondido a mi llamada!”
jueves, 9 de agosto de 2012
* MENSAJE DE LA VIRGEN EN MEDJUGORJE 02 - 08 - 2012
“Queridos hijos, estoy con vosotros y no me rindo. Deseo daros a conocer a mi Hijo. Deseo a mis hijos conmigo en la vida eterna. Deseo que experimentéis la alegría de la paz y que obtengáis la salvación eterna. Oro para que superéis las debilidades humanas. Oro a Mi Hijo, para que os conceda corazones puros. Queridos hijos míos, solo los corazones puros saben cómo llevar la cruz y saben cómo sacrificarse por todos los pecadores que han ofendido al Padre Celestial y que también hoy lo ofenden, porque no lo han conocido. Oro para que conozcáis la luz de la verdadera fe que viene solo de los corazones puros. De este modo, todos aquellos que están cerca de vosotros experimentarán el amor de Mi Hijo. Orad por aquellos que Mi Hijo ha elegido, para que os guíen por el camino de la salvación. Que vuestra boca esté cerrada a todo juicio sobre ellos. Os doy las gracias.”lunes, 30 de julio de 2012
* CORONILLA DE LA MISERICORDIA - CAP. 2
Jesús a través de Santa Faustina, da un
instrumento valiosísimo a todos los que crean en su Misericordia Divina; un
instrumento que en forma de oración hecha con corazón contrito y con fe por
algún pecador, Él mismo concederá la gracia de la conversión.
Una oración, que a pesar de su brevedad, pone
de manifiesto la verdadera dimensión de la Sangre y del Agua que brotó de Su
costado. Y que curiosamente finaliza con <<en Ti confío>>, las
mismas palabras que con anterioridad, pidió que se pusieran a modo de firma al
pie de Su Imagen.
Tengamos siempre muy presente, que esos rayos
que salen del costado de Jesús, simbolizan la Sangre y el Agua, que nos protegen
de la justa mano de Dios, a cuantos se acogen y confían plenamente, en Su
Misericordia Divina.
Pero si la oración descrita anteriormente en
el apartado D. 187, rezada como Jesús pide, es decir, con corazón contrito y
con fe, conlleva la gracia de la conversión. La oración de la Coronilla, es la
llave que abre de par en par las compuertas de la Fuente de la Misericordia
Divina, con una generosidad difícilmente imaginable para nuestra limitada
condición humana.
Comenzamos el Rezo de la Coronilla, con la
oración que Jesús nos enseñó a través de sus Apóstoles, en la que reconocemos
que Dios es nuestro Padre, que está en el Cielo, que Su Nombre es Santo, que Le
pedimos que venga a nosotros Su Reino, un Reino de Amor, Misericordia, Bondad, Justicia,
Paz, y Luz; que se haga Su Voluntad siempre, tanto en la Tierra como en el
Cielo; que Le pedimos el pan nuestro de cada día, un pan que no sólo ha de ser
entendido como alimento necesario para nuestro cuerpo mortal, sino que ha de
ser también el Pan que alimente nuestro espíritu, ese Pan Eucarístico que Jesús
nos ofreció a través sus Apóstoles en la última Cena; que nos perdone nuestras
ofensas, y nos reconcilie con Él, como nosotros perdonamos y nos reconciliamos
con nuestros hermanos; que no nos deje caer en la tentación y que nos libre de
todo mal.
Seguimos con la oración de gracia y alabanza
a Su Madre, que es la nuestra, la Virgen María, donde la reconocemos como la
llena de Gracia, que Dios está con Ella, que es la Bendita entre todas las
mujeres, no sólo porque así la predestinara Dios, como Madre de Su Hijo
Unigénito, sino sobretodo, por su “Sí” en el momento de la Anunciación, por ése
“Hágase en mí, según tu palabra”, aceptando con absoluta humildad y entrega
total de sí misma a la Voluntad de Dios; donde reconocemos el fruto bendito de
su vientre, que no es otro que Jesús; la alabamos como Santa y como Madre de
Dios; donde le pedimos que ruegue por nosotros, porque somos pecadores, no
solamente ahora, sino también, en la hora final de nuestra muerte.
Continuamos con la oración del Credo, oración
en la que de forma breve, pero intensa, se recogen las verdades fundamentales,
tanto las pasadas como las venideras, en las que se sostiene la Fe de nuestra
Iglesia.
Son oraciones suficientemente, estudiadas,
analizadas y meditadas en la literatura eclesial, por su profundo contenido
espiritual y por la riqueza de directrices y parámetros que contienen, no sólo
para nuestra relación con Dios y con nuestra Madre, sino que también, para
nuestra relación con nuestros hermanos.
Si estas oraciones con las que Jesús pide que
se comience la Coronilla, y que son conocidas desde hace mucho tiempo, además
de aprenderlas y recitarlas de memoria, como con frecuencia nos suele pasar,
tomáramos conciencia de todas las directrices y parámetros que contienen, y con
humildad los aceptásemos y fuésemos capaces de hacerlos nuestros y llevarlos
siempre a la práctica, en la vida cotidiana, no me cabe ninguna duda de que
accederíamos al conocimiento profundo del contenido espiritual de las mismas.
Ello nos llevaría a una relación plenamente
satisfactoria con Dios y con nuestra Madre y modificaría radicalmente nuestros
comportamientos y actitudes inadecuados con nuestros hermanos. Nuestro espíritu
permanecería limpio, nuestro corazón puro.
Al finalizar la vida en éste mundo, no
temeríamos la Justicia Divina, no necesitaríamos tampoco la existencia de la
Fuente de la Misericordia Divina, simplemente iríamos directamente a la Casa de
nuestro Padre.
Pero el libre albedrío, que tan generosamente
nos dio Dios cuando creó al hombre y a la mujer, en lugar de facilitar la
identificación con la naturaleza divina de nuestro Creador, nos ha identificado
más, incluso me atrevería a decir que nos ha arraigado e instalado
predominantemente en nuestra naturaleza humana.
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