viernes, 9 de septiembre de 2016

+ La Virgen quiere que las familias se consagren, ¿pero qué quiere decir?


06-04-15_2_medjugorje_ervin“Queridos hijos, os invito a consagraros a mi Corazón Inmaculado. Deseo que os consagréis personalmente, como familia y como parroquia, de manera que todo pertenezca a Dios a través de mis manos (Octubre 1988)
Qué significa “Consagrarse a María” – Fragmento de la revista Madre de Dios
“Consagrarse a la Virgen” significa abrazarla como verdadera madre, en línea con el ejemplo de Juan, porque ella ya ha tomado en serio su maternidad con nosotros.
El fuerte sentido de la consagración
La consagración es un Acto complejo, que se diversifica en varios casos: una cosa es cuando un creyente se consagra personalmente, asumiendo compromisos específicos, otra cosa es cuando se consagra un pueblo, una entera Nación o incluso la Humanidad.
La consagración individual está teológicamente bien explicada por san Luis María Grignion de Montfort, del cual el Papa, con su lema “Totus Tuus” (inferido del mismo Montfort, que a su vez lo había tomado de san Buenaventura) es el primer “modelo”
El Santo de Montfort destaca dos razones que nos impulsan a hacerlo:
1-    El primer motivo nos es ofrecido por ejemplo del Padre, que nos ha dado a Jesús por medio de María, confiándoselo a Ella. De ello se deduce que la consagración es reconocer que la divina maternidad de la Virgen, siguiendo el ejemplo de la elección del Padre, es la primera razón de la consagración.
2-    El segundo motivo es el ejemplo del propio Jesús. Sabiduría encarnada. Él se ha confiado a María no solo para tener de Ella la vida física, sino también para ser “educado” por Ella, creciendo “ en edad, sabiduría y gracia”.
“Consagrarse a la Virgen” quiere decir, en esencia, acogerla como verdadera madre en nuestra vida, en línea con el ejemplo de Juan, porque ella ya ha tomado en serio su maternidad con nosotros: nos trata como hijos, nos ama como hijos, nos proporciona todo como hijos.
Por otra parte, acoger a María como madre significa acoger a la Iglesia como madre (porque María es la Madre de la Iglesia); y también quiere decir acoger a nuestros hermanos en humanidad (porque todos somos igualmente hijos de la común Madre de la Humanidad).
El sentido fuerte de la consagración a María está propiamente en el hecho de que con la Virgen nosotros queremos establecer una verdadera relación de hijos con su madre: porque una madre es parte de nosotros, de nuestra vida, y no se la busca solo cuando se siente su necesidad porque hay alguna cosa que pedirle…
Luego, dado que la consagración es en sí un acto que no es fin en sí mismo, sino un compromiso que se tiene que vivir día a día, aprendemos – detrás de los consejos de Montfort- a hacer, aunque sea, el primer paso que esta conlleva: hacer todo con María. De ello nuestra vida espiritual ganará con seguridad.
Gabriele Amorth
¿Cómo consagrar la familia al Corazón Inmaculado de María?
Es importante ponerse bajo la guía de María porque solo Ella nos puede llevar a ser algo sagrado y todo de Dios. Por nuestra parte:
1-    Hay que preparar la consagración con un tiempo de oración común en la familia, posiblemente el Rosario con la lectura de sus mensajes.
2-    Eliminar de casa todo lo que disgusta al Señor (no ver ciertos programas de televisión, no leer ciertos periódicos, modificar un determinado lenguaje, no profanar la fiesta, las obras de caridad necesarias).
3-    Confesarse y tomar los compromisos que María recomienda en Medjugorje.
Seguidamente, un día establecido, después de la Comunión en Misa hacer un acto común de consagración, que puede ser el de Jelena, o bien el de los Gifs de Roma o escrito por vosotros. La consagración debe ser repetida a menudo, tal vez con una fórmula breve, ej.: “Somos todos tuyos, oh María, y cada cosa nuestra es tuya.”
Directamente la Virgen, en Medjugorje, empieza a hablar en 1988, pero todo su mensaje: presencia, actitud, contenido, no nos muestra otra cosa que el hecho de que ella ha venido y continúa viniendo para enseñarnos lo que es la consagración y cómo se vive. La Consagración a su Corazón es el medio, la vía para vivir el Amor, para vivir todos los medios de gracia con amor, para llevar el amor en la vida y alcanzar a Dios-Amor. “Queridos hijos, os invito a consagraros a mi Corazón Inmaculado. Deseo que os consagréis personalmente, como familia y como parroquia, de manera que todo pertenezca a Dios a través de mis manos (Octubre 1988)
La Consagración no es solo una fórmula, una plegaria, también es un cambio radical. En Misa, con la consagración, el pan y el vino cambian y se convierten en Cuerpo y Sangre de Jesús. En nuestra vida, con la consagración toda nuestra forma de vida debe cambiar y de natural debe convertirse en sobrenatural. No solo nos comprometemos a vivir en la gracia de Dios, sino que todo aquello que hacemos, lo queremos hacer para cumplir la voluntad de Dios, para complacerlo, por su amor, y todo se lo ofrecemos a Él.
Hay una consagración personal que compromete al propio individuo; hay una consagración familiar que quiere elevar y santificar toda la vida de la familia, las relaciones de los cónyuges entre sí, inspirados en el respeto mutuo, la humildad, la bondad, la comprensión y las relaciones entre padres e hijos; hay también la consagración de una familia más extensa como puede ser la parroquia, que compromete a todos los miembros a ayudarse mutuamente a vivir en Dios y para Dios. Haciendo nuestra consagración a María y por medio de María, la Virgen está llevando a cabo su misión de Mediadora de todas las gracias y nos ayuda a vivir en Dios y para Dios.
Nosotros nos consagramos al Corazón materno de María con nuestro amor de hijo que nos lleva necesariamente a imitarla no solo en sus privilegios que son únicos e irrepetibles, sino en sus virtudes de criatura humana que tuvo una vida humilde y modesta, como la nuestra, perfectamente imitable. Nos consagramos a María para pertenecer a Dios a través de Ella, con el compromiso de imitarla en su actitud de apertura a Dios, de atenta escucha de su palabra, guardada, meditada en el corazón y vivida. Busquemos vivir su disponibilidad y disposición a hacer siempre y en todo la voluntad de Dios, repitiendo con el corazón: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Nos consagramos al Corazón de María con la generosidad y el fervor en la acogida de sus invitaciones maternales repetidas a lo largo de los siglos y especialmente en las apariciones de estos últimos tiempos en Medjugorje. Confiemos a Ella nuestra vida, pongámonos en sus manos y en su Corazón, dejémonos guiar aquí en la tierra para que cada paso nos ponga el cielo más cercano. Amemos a Dios con Su Corazón y viviremos eternamente la alegría que ella nos promete.

ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARIA
Oh Corazón Inmaculado de María, ardiente de bondad, muestra Tu amor hacia nosotros. La llama de tu corazón, oh María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros Te amamos tanto. Imprime en nuestros corazones el verdadero amor a fin de tener un continuo deseo de Ti. Oh María, humilde y dulce de corazón, acuérdate de nosotros cuando estemos en pecado. Tú sabes que todos los hombres pecan. Danos, a través de Tu Corazón Inmaculado la salud espiritual. Haz que siempre podamos mirar la bondad de Tu Corazón materno y que la conversión llegue a través de la llama de Tu Corazón. Amen. Dictada por la Virgen a Jelena Vasilj el 28 de noviembre de 1983.

Traducción del italiano a cargo del equipo de www.virgendemedjugorje.org
Fuente: http://medjugorje.altervista.org/doc/pamorth/consacrarsi.html

martes, 6 de septiembre de 2016

+ "Les imploro maternalmente, oren por los elegidos de mi Hijo"


Gospa, Podbro
Pide a sus apóstoles del amor que oren por nosotros sacerdotes, para que seamos verdaderos apóstoles de su Hijo y suyo. Pues si a todos nos incita por igual a dar testimonio con nuestras vidas de la propia conversión, pide en cambio oración por los sacerdotes, por sus manos bendecidas. Las manos de los sacerdotes son bendecidas y muy bendecidas porque son las únicas que consagran el pan y el vino, para que -como decía el Papa Benedicto XVI- “cosas terrenas se conviertan en misterio divino”. Son manos bendecidas porque, a su vez, deben bendecir por ser extensión de las manos de nuestro Señor y porque administran los sacramentos, esos medios de salvación que Jesucristo dejó a su Iglesia. Pide oración porque los sacerdotes no sólo santifican sino también enseñan por medio de las predicaciones. Implora para que todos oren por nuestros corazones sacerdotales. El sacerdote es alter Christus, otro Cristo, que bendice como bendijo Jesucristo y transmite su Palabra con total fidelidad. La Palabra no es un objeto meramente intelectual y humano sino que es Palabra de Dios. La Palabra para que en su transmisión sea eficaz debe haber penetrado profundamente en el sacerdote y salir de la plenitud de su corazón, de un corazón encendido, enamorado de su Señor y su Dios. Cuando esto se da entonces la Palabra alcanza su cometido y convierte. Porque es a través de nosotros sacerdotes, que Cristo toca los corazones y convierte. 

Todos, laicos y sacerdotes, debemos con nuestra vida ser modelos evangélicos para dar testimonio de santidad, no para gloria nuestra sino la de Dios. Los sacerdotes somos cono todos, frágiles, tenemos nuestras debilidades con las cuales combatir, pero somos sacerdotes, dotados de una gracia de estado para llevar adelante el ministerio. Los juicios críticos no nos sirven. Si cabe y cuando quepa una advertencia, una corrección fraterna nos será útil, pero la crítica no. Sí, en cambio necesitamos de oración, mucha oración que nos sostenga. Mucha oración para ser mejores ante Dios y ante los hombres. 
P. Justo Antonio Lofeudo

lunes, 5 de septiembre de 2016

+ MENSAJE DE LA VIRGEN EN MEDJUGORJE 02-09-2016



“Queridos hijos, por voluntad de mi Hijo y por mi amor materno, vengo a vosotros, mis hijos, y especialmente por aquellos que no han conocido el amor de mi Hijo. A vosotros os doy mi amor materno y os traigo la bendición de mi Hijo. Vengo a vosotros que en mí pensáis, que me invocáis. ¿Tenéis corazones puros y abiertos? ¿Veis los dones, los signos de mi presencia y de mi amor? Hijos míos, en vuestra vida terrena, actuad siguiendo mi ejemplo. Mi vida ha sido dolor, silencio y una inmensa fe y confianza en el Padre Celestial. Nada sucede por casualidad: ni el dolor ni la alegría, ni el sufrimiento ni el amor. Todas estas son gracias que mi Hijo os da y que os conducen a la vida eterna. Mi Hijo pide de vosotros amor y oración en Él. Amar y orar en Él –y yo como Madre os lo enseñaré–, significa: orar en el silencio de vuestra alma, y no solo recitando con los labios. Este es el gesto más pequeño y hermoso que podéis realizar en nombre de mi Hijo: esto es paciencia, misericordia, aceptación del dolor y el sacrificio realizado por los otros. Hijos míos, mi Hijo os mira. Orad para que vosotros también podáis ver Su Rostro, para que este pueda ser revelado a vosotros. Hijos míos, yo os revelo la única y auténtica verdad; orad para que podáis comprenderla y para que podáis difundir el amor y la esperanza; para que podáis ser apóstoles de mi amor. De manera especial, mi Corazón materno ama a los pastores; orad por sus manos benditas. ¡Os doy las gracias!”

lunes, 29 de agosto de 2016

+ MENSAJE DE LA VIRGEN EN MEDJUGORJE 25-08-16



“Queridos hijos! Hoy quiero compartir con vosotros la alegría del Cielo. Vosotros, hijos míos, abrid la puerta del corazón a fin de que en vuestro corazón crezca la esperanza, la paz y el amor que solo Dios da. Hijos míos, estáis demasiado apegados a la Tierra y a las cosas terrenales, por eso Satanás os agita como el viento lo hace con las olas del mar. Por lo tanto, que la cadena de vuestra vida sea la oración con el corazón y la adoración a mi Hijo Jesús. Entregad a Él vuestro futuro para que en Él seáis alegría y ejemplo para los demás con vuestras vidas. Gracias por haber respondido a mi llamada.”

miércoles, 24 de agosto de 2016

+ "REGRESEN A LA EUCARISTÍA"


Gospa - Podbro“El camino a mi Hijo es difícil, lleno de renuncias, pero al final, siempre hay luz. Comprendo vuestras penas y sufrimientos, y con amor maternal enjugo vuestras lágrimas. Confíen en mi Hijo, porque Él hará por ustedes lo que ni siquiera ustedes saben cómo pedirlo”.
Eucaristía es la Vida que vence la muerte, es la Luz que diluye las tinieblas. Por la Eucaristía participamos de la vida eterna y alcanzamos la resurrección prometida. 
Eucaristía es Dios Todopoderoso oculto pero presente. De ahí su poder silencioso de transformación. 
Reconocer el mal que nos separa de Dios, aborrecer el pecado y desear encontrarse con Él por medio de la Eucaristía es el primer acto hacia la glorificación al Corazón del Señor. La conversión implica lucha espiritual, combate, aceptación de la cruz, con la fe en el Señor, en su amor, en que ése y no otro es el camino que lleva a la luz. 
Sin conversión no hay salvación, por eso el llamado perenne de Dios a la conversión. En estos últimos tiempos, la Santísima Virgen, enviada de Dios, nos lo repite a nosotros y ahora, de un modo aún más concreto, nos exhorta: “Regresen a la Eucaristía”. Lo que en definitiva nos está diciendo es que en la Eucaristía está nuestra salvación. Y no podría ser de otro modo, porque la Eucaristía es Jesucristo vivo y actuando en medio de nosotros.
P. Justo Antonio Lofeudo


jueves, 18 de agosto de 2016

“Le imploro a mi Hijo que ninguno de ustedes, hijos míos, vuelva a su casa igual que ha venido”


Aparición de la Virgen a Mirjana en Medjugorje el 2 de septiembre de 2015 - 13Creo no equivocarme, pero es la primera vez que, en una pincelada entrañable, nos habla de esa parte de la vida del Señor de la que nada dicen los Evangelios. Como lo hace con los videntes en privado ahora a nosotros nos confía algo de la vida oculta de la sagrada familia nazarena. Esas pocas palabras dicen mucho y definen un rasgo de Jesús: aún niño, es el Señor. El Señor que por ser Dios sabe infinitamente más que ese niño hijo de María. Profetiza no como los profetas que hablan en nombre de Dios, porque Él es Dios, es la misma Palabra que le dice no sólo que todas las generaciones la llamarán dichosa (como el Espíritu Santo le había revelado a la Virgen en su encuentro con Isabel), sino también madre y que será amada, muy amada. Porque grandes cosas está haciendo en ella el Todopoderoso. Ese mismo niño es el que ya hombre, clavado en la cruz, le provocará en la Virgen el parto doloroso de su maternidad de todos los hombres, al entregarla a su discípulo fiel y a través de él a todos nosotros, de generación en generación. Y aquel discípulo, Juan, tendrá con los años, después de muchos, una visión. La verá como la Mujer vestida de sol, con la corona de doce estrellas, con la luna bajo sus pies, encinta, gritando de dolor por el parto. Porque aquel parto en la cruz continúa, es el dolor de dar a la luz de Cristo a los nuevos hijos, rescatándolos de las garras del Dragón. Nosotros somos sus hijos, de su linaje, los nacidos en Cristo a una vida nueva. Somos los que la llamamos Madre y la amamos y deseamos ser fieles a su llamado a cooperar en la salvación de otros.  
La referencia que luego hace, “volver a las casas de las que han venido”, va dirigida a los peregrinos que en ese momento están en Medjugorje, pero por extensión a todos nosotros que vamos tantas veces en el espíritu hasta allí. Para que no regresemos luego de cada una de esas visitas, físicas o espirituales, a nuestra casa, al interior de nuestra alma, como hemos ido sino enriquecidos. Y para eso apela ante el Hijo, por el amor que le tenemos a Ella. No es difícil imaginar su apelación a Jesucristo: “Mira, Hijo, ¡cuánto me aman! Era como Tú me habías dicho siendo apenas un niño. ¡Aquí están! Te ruego por cada uno de ellos. Están siendo probados, que no decaigan, devuélveles la esperanza. Que sean misericordiosos como Tú le pides y que tengan amor para que puedan ser mis apóstoles del amor y vayan al mundo dando testimonio de ese amor que ama perdonando y perdona amando. Tú, Hijo, tienes el poder de hacer nuevas todas las cosas, renueva esos corazones y dales una vida nueva”.
P. Justo Antonio Lofeudo