
“¡Queridos hijos! Le doy gracias a Dios por cada uno de
vosotros. De manera particular, hijos míos, ¡gracias por haber respondido a mi
llamada! Os estoy preparando para nuevos tiempos, para que seáis firmes en la
fe y perseverantes en la oración, para que el Espíritu Santo obre a través de
vosotros y renueve la faz de la tierra. Oro con vosotros por la paz, que es el
don más precioso, aunque Satanás quiere la guerra y el odio. Vosotros, hijos
míos, sed mis manos extendidas y caminad orgullosos con Dios. ¡Gracias por
haber respondido a mi llamada!”