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Eucaristía es la Vida que vence la muerte, es la Luz que diluye las
tinieblas. Por la Eucaristía participamos de la vida eterna y alcanzamos la
resurrección prometida.
Eucaristía es Dios Todopoderoso oculto pero presente. De ahí su poder
silencioso de transformación.
Reconocer el mal que nos separa de Dios, aborrecer el pecado y desear
encontrarse con Él por medio de la Eucaristía es el primer acto hacia la
glorificación al Corazón del Señor. La conversión implica lucha espiritual,
combate, aceptación de la cruz, con la fe en el Señor, en su amor, en que ése y
no otro es el camino que lleva a la luz.
Sin conversión no hay salvación, por eso el llamado perenne de Dios a
la conversión. En estos últimos tiempos, la Santísima Virgen, enviada de Dios,
nos lo repite a nosotros y ahora, de un modo aún más concreto, nos exhorta:
“Regresen a la Eucaristía”. Lo que en definitiva nos está diciendo es que en la
Eucaristía está nuestra salvación. Y no podría ser de otro modo, porque la
Eucaristía es Jesucristo vivo y actuando en medio de nosotros.
P.
Justo Antonio Lofeudo
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