viernes, 11 de mayo de 2012

* CONOCER A JESUS - CAP. 13

En el siguiente apartado (D. 1486) Dios misericordioso dialoga con el alma desesperada.

Jesús: Oh alma sumergida en las tinieblas, no te desesperes, todavía no todo está perdido, habla con tu Dios que es el Amor y la Misericordia Misma. Pero, desgraciadamente, el alma permanece sorda ante la llamada de Dios y se sumerge en las tinieblas aún mayores.


Jesús vuelve a llamar: Alma, escucha la voz de tu Padre misericordioso.


En el alma se despierta la respuesta: Para mí ya no hay misericordia. Y cae en las tinieblas aún más densas, en una especie de desesperación que le da la anticipada sensación del infierno y la hace completamente incapaz de acercarse a Dios.


Jesús habla al alma por tercera vez, pero el alma está sorda y ciega, empieza a afirmarse la dureza y la desesperación. Entonces empiezan en cierto modo a esforzarse las entrañas de la misericordia de Dios y sin ninguna cooperación de parte del alma, Dios le da su gracia definitiva. Si la desprecia, Dios la deja ya en el estado en que ella quiere permanecer por la eternidad. Esta gracia sala del Corazón misericordioso de Jesús y alcanza al alma con su luz y el alma empieza a comprender el esfuerzo de Dios, pero la conversión depende de ella. Ella sabe que esta gracia es la última para ella y si muestra un solo destello de buena voluntad aunque sea el más pequeño, la misericordia de Dios realizará el resto.


[Jesús]: Aquí actúa la omnipotencia de Mi misericordia, feliz el alma que aproveche esta gracia.


Jesús: Con cuánta alegría se llena Mi Corazón cuando vuelves a Mí. Te veo muy débil, por lo tanto te tomo en Mis propios brazos y te llevo a casa de Mi Padre.


El alma como si se despertara: ¿Es posible que haya todavía misericordia para mí? Pregunta llena de temor.


Jesús: Precisamente tú, niña Mía, tienes el derecho exclusivo a Mi misericordia. Permite a Mi misericordia actuar en ti, en tu pobre alma; deja entrar en tu alma los rayos de la gracia, ellos introducirán luz, calor y vida.


El alma: Sin embargo me invade el miedo tan sólo al recordar mis pecados y este terrible temor me empuja a dudar en Tu bondad.


Jesús: Has de saber, oh alma, que todos tus pecados no han herido tan dolorosamente Mi Corazón como tu actual desconfianza. Después de tantos esfuerzos de Mi amor y Mi misericordia no te fías de Mi bondad.

                                                                                                                   
El alma: Oh Señor, sálvame Tú Mismo, porque estoy pereciendo; sé mi Salvador. Oh Señor, no soy capaz de decir otra cosa, mi pobre corazón está desgarrado, pero Tú, Señor…

Jesús no permite al alma terminar estas palabras, la levanta del suelo, del abismo de la miseria y en un solo instante introduce la introduce a la morada de su propio Corazón, y todos los pecados desaparecen en un abrir y cerrar de ojos, destruidos por el ardor del amor.
Jesús: He aquí, oh alma, todos los tesoros de Mi Corazón, toma de él todo lo que necesites.


El alma: Oh Señor, me siento inundada por Tu gracia, siento que una vida nueva ha entrado en mí, y ante todo, siento Tu amor en mi corazón, eso me basta. Oh Señor, por toda la eternidad glorificaré la omnipotencia de Tu misericordia; animada por Tu bondad, Te expresaré todo el dolor de mi corazón.


Jesús: Di todo, niña, sin ningún reparo, porque te escucha el Corazón que te ama, el Corazón de tu mejor amigo.

Oh Señor, ahora veo toda mi ingratitud y Tu bondad. Tú me perseguías con Tu gracia y yo frustraba todos Tus esfuerzos; veo que he merecido el fondo mismo del infierno por haber malgastado Tus gracias.


Jesús interrumpe las palabras del alma y [dice]: No te abismes en tu miseria, eres demasiado débil para hablar; mira más bien Mi Corazón lleno de bondad, absorbe Mis sentimientos y procura la dulzura y la humildad. Sé misericordiosa con los demás como Yo soy misericordioso contigo y cuando adviertas que tus fuerzas se debilitan, ven a la Fuente de la Misericordia y fortalece tu alma, y no pararás en el camino.

 El alma: Ya ahora comprendo Tu misericordia que me protege como una nube luminosa y me conduce a casa de mi Padre, salvándome del terrible infierno que he merecido no una sino mil veces. Oh Señor, la eternidad no bastará para glorificar dignamente Tu misericordia insondable, Tu compasión por mí.

martes, 8 de mayo de 2012

* CONOCER A JESUS - CAP. 12

En el Diario de Santa Faustina, hay un diálogo precioso, entre Jesús y una alma pecadora, titulado, La bondad de Dios.

Transcribo todo el diálogo:

D. 1485.- La Misericordia de Dios oculto en el Santísimo Sacramento; la voz del Señor que nos habla desde el trono de la misericordia: Venid a Mí todos.

Diálogo de Dios misericordioso con el alma pecadora

-       Jesús: No tengas miedo, alma pecadora, de tu Salvador; Yo soy el primero en acercarme a ti, porque sé que por ti misma no eres capaz de ascender hacia Mí. No huyas, hija, de tu Padre; desea hablar a solas con tu Dios de la Misericordia que quiere decirte personalmente las palabras de perdón y colmarte de Sus gracias. Oh, cuánto Me es querida tu alma. Te he asentado en Mis brazos. Y te has grabado como una profunda herida en Mi Corazón.



-       El alma: Señor, oigo Tu voz que me llama abandonar el mal camino, pero no tengo ni valor ni fuerza.



-       Jesús: Yo soy tu fuerza, Yo te daré fuerza para luchar.



-       El alma: Señor, conozco Tu santidad y tengo miedo de Ti.



-       Jesús: ¿Por qué tienes miedo, hija Mía, del Dios de la Misericordia? Mi santidad no Me impide ser misericordioso contigo. Mira, alma, por ti he instituido el trono de la misericordia en la tierra y este trono es el tabernáculo y de este trono de la misericordia deseo bajar a tu corazón. Mira, no Me he rodeado ni de séquito ni de guardias, tienes el acceso a Mí en cualquier momento, a cualquier hora del día deseo hablar contigo y deseo concederte gracias.



-       El alma: Señor, temo que no me perdones un número tan grande de pecados; mi miseria me llena de temor.



-       Jesús: Mi misericordia es más grande que tu miseria y la del mundo entero. ¿Quién ha medido Mi bondad? Por ti bajé del cielo a la tierra, por ti dejé clavarme en la cruz, por ti permití que Mi Sagrado Corazón fuera abierto por una lanza, y abrí la Fuente de la Misericordia para ti. Ven y toma las gracias de esta fuente con el recipiente de la confianza. Jamás rechazaré un corazón arrepentido, tu miseria se ha hundido en el abismo de Mi misericordia. ¿Por qué habrías de disputar Conmigo sobre tu miseria? Hazme el favor, dame todas tus penas y toda tu miseria y Yo te colmaré de los tesoros de Mis gracias.



-       El alma: Con Tu bondad has vencido, oh Señor, mi corazón de piedra; heme aquí acercándome con confianza y humildad al tribunal de Tu misericordia, absuélveme TÚ Mismo por la mano de Tu representante. Oh Señor, siento que la gracia y la paz han fluido a mi pobre alma. Siento que Tu misericordia, Señor, ha penetrado mi alma en su totalidad. Me has perdonado más de cuanto yo me atrevía esperar o más de cuanto era capaz de imaginar. Tu bondad ha superado todos mis deseos. Y ahora Te invito a mi corazón, llena de gratitud por tantas gracias. Había errado por el mal camino como el hijo pródigo, pero Tú no dejaste de ser mi Padre. Multiplica en mí Tu misericordia, porque ves lo débil que soy.



-       Jesús: Hija Mía, no hables más de tu miseria, porque Yo ya no Me acuerdo de ella. Escucha, niña Mía, lo que deseo decirte: estréchate a Mis heridas y saca de la fuente de la vida todo lo que tu corazón pueda desear. Bebe copiosamente de la fuente de la vida y no pararás durante el viaje. Mira el resplandor de Mi misericordia y no temas a los enemigos de tu salvación. Glorifica Mi misericordia.

domingo, 6 de mayo de 2012

CONOCER A JESUS - CAP. 11

Esa… ¡¡¡Felicidad en estado puro!!!... está al alcance de todas las almas, sin excepción.

Jesús termina el apartado (D. 1448) con éstas palabras: Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose de tal manera que desde el punto de vista humano no existiera esperanza alguna de restauración y todo estuviese ya perdido. No es así para Dios. El milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud. Oh infelices que no disfrutan de este milagro de la Divina Misericordia; lo pedirán en vano cuando sea demasiado tarde.

¡No seamos infelices! El tiempo que Dios nos concede, para vivir nuestras vidas en éste mundo, y podamos así, elevar nuestras almas hacia Él, es el tiempo de la Misericordia.

Una vez que se cruce el umbral de la puerta de la muerte, y el alma contemple la realidad existencial de la Vida, y de la muerte Eterna, por mucho que pida y suplique la Misericordia Divina, lo pedirá en vano, ya será demasiado tarde…

El alma que vive apegada a la “felicidad ficticia” que éste mundo ofrece, se asemeja a la que caminando por el desierto, cree que los Oasis que Dios pone en su camino son falsos, y gasta inútilmente su energía y su fuerza en pos de los magníficos y espectaculares oasis, que las alucinaciones le presentan.

Tomemos conciencia de ello. ¡No seamos infelices! Reposemos, descansemos y reparemos nuestras fuerzas y nuestras energías, en los Oasis de la Misericordia que Dios a puesto a nuestro alcance, para que ninguna de sus queridísimas almas se pierda.

jueves, 3 de mayo de 2012

MENSAJE DE LA VIRGEN EN MEDJUGORJE 02-05-12

Mensaje del 2 de Mayo de 2012
“Queridos hijos, con amor materno yo os pido: entregadme vuestras manos, permitid que yo os guie. Yo, como Madre, deseo salvaros de la inquietud, de la desesperación y del exilio eterno. Mi Hijo, con su muerte en la cruz, ha demostrado cuanto os ama, se ha sacrificado a sí mismo por vosotros y por vuestros pecados. No rechacéis su sacrificio y no renovéis sus sufrimientos con vuestros pecados. No os cerréis a vosotros mismos la puerta del Paraíso. Hijos míos, no perdáis tiempo. Nada es más importante que la unidad en mi Hijo. Yo os ayudaré, porque el Padre Celestial me envía, para que juntos podamos mostrar el camino de la gracia y de la salvación a cuantos no Lo conocen. No seáis duros de corazón. Confiad en mí y adorad a mi Hijo. Hijos míos, no podéis estar sin pastores, que cada día estén en vuestras oraciones. ¡Os doy las gracias!

lunes, 30 de abril de 2012

CONOCER A JESÚS - CAP. 10

Pero, ¿dónde se encuentra el tribunal de la misericordia?...  Jesús continúa diciendo: Para obtener este milagro no hay que hacer una peregrinación lejana ni celebrar algunos ritos exteriores, sino que basta con acercarse con fe a los pies de Mi representante y confesarle con fe su miseria y el milagro de la Misericordia de Dios se manifestará en toda su plenitud. (D.1448)

Jesús para acoger a un alma en Su misericordia, no necesita, ni desea, que ésta realice grandes prodigios, ni portentos, ni esfuerzos, ni siquiera… sacrificios. Lo que Jesús necesita y desea, es que el alma tome conciencia de su miseria.

Miseria que puede ser fruto de malas decisiones tomadas, que han causado daño a quien las toma o a otras personas. O quizás sean buenas acciones, que se pudieron hacer, pero no se hicieron. O actos de envidia, de egoísmo, de rencor, de desprecio, de orgullo, de soberbia, de amor propio… O malas acciones que de forma deliberada o no, se han cometido.

Cuando un alma toma conciencia de su miseria, está en disposición, de decidir si continúa por el camino que lleva, sin importarle las consecuencias; o bien, si se planta, analiza, recapacita y reconoce que acumulando miseria, no está en el buen camino, porque no cumple con el principal mandamiento que Jesús nos dejó, el mandamiento del “AMOR”, amor a Dios y amor a los hombres y mujeres, que la rodean.

El alma que sinceramente reconoce la miseria acumulada, y se da cuenta del daño que ha causado o del bien que no hizo, cuando se le presentó la ocasión; siente el peso de la culpa.

El peso de la culpa, puede llevar al alma a tomar la honesta decisión de reparar el daño causado o el bien que no hizo, a los hombres y mujeres que la rodearon.

Con toda seguridad, ese acto le procurará consuelo, alivio, alegría, incluso en ocasiones una inmensa y desbordante alegría, por el perdón recibido y por la reconciliación que ha conseguido.

Pero todas esas sensaciones o emociones, han sido producidas en el ámbito afectivo o sentimental, nuestro consciente o subconsciente, se sentirse liberado, por la paz que inunda, a toda persona que lleva a cabo una buena acción.

El alma es una creación Divina, un tesoro que Dios ha cubierto con un cuerpo humano. Es el sello, la impronta Divina, que nos une a Él.

Con esa alma Dios nos envía un “regalito”, con el que hay que tener mucho cuidado, es “el libre albedrío”.

Sin ese “regalito” el alma sentiría la inagotable necesidad, de estar siempre unida a Él, amándole eternamente, y arrastraría literalmente al ser humano a una adoración permanente, y a un “Amor”, que con toda seguridad, ningún ser humano podría contener ni conocer.

Dios quiere que con “el libre albedrío”, tomemos, nuestras propias decisiones, que evidentemente nos llevarán a realizar cosas buenas y malas. Quiere que aprendamos de nuestras propias experiencias, y que libremente Le amemos o Le rechacemos.

El alma es una sustancialidad divina, que está llamada, predestinada a la vida eterna, por lo tanto es pura, limpia, radiante. Pero a la vez esta contenida, envuelta en un cuerpo humano, limitado, caduco y sujeto a unas necesidades o tendencias mundanas.

Con cada acto de “no amor” que hacemos, no sólo hacemos daño a las personas, también a nuestra alma. No es un daño que se sienta, que se note de alguna manera…, no. Es una impureza, una inmundicia, una miseria, que como una lapa, se pega en la limpia y radiante pureza del alma.

Cuanta más miseria acumula, más indigna se ve a los ojos de Dios; y poco a poco va sintiendo su proximidad al camino de la perdición, camino que como bien sabe, finaliza en territorio reinado por el Maligno.

Si no quiere acabar en el lugar radicalmente opuesto al predestinado, tiene que desear volver a ser digna a los ojos de Dios, tiene que querer recuperar su limpia y radiante pureza.

Ese es el primer paso. El segundo, hacer un examen riguroso del estado en el que se encuentra. El tercero, un firme propósito de cambiar de camino. El cuarto, pedir al Único que ha superado el mal y la muerte, que le limpie todas sus miserias.

Por eso, el Único, Jesús, que está en todo, y no se Le escapa el más mínimo detalle, antes de subir al Cielo, dijo a Sus Apóstoles: <<Lo que atéis en la tierra, quedará atado en el Cielo; lo que desatéis en la tierra, quedará desatado en el Cielo. A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados>>.

Desde ese momento, los Apóstoles de entonces y todos los hombres que sintiendo la llamada de Dios, han dedicado su vida al Sacerdocio, son legítimos representantes de Jesús en la tierra, que continúan con la realización de Su Obra Redentora.

Cuando el alma toma conciencia de todo lo expuesto, y con fe confiesa todas sus miserias a un representante de Jesús, y una vez oídas, le absuelve de sus pecados, esa alma queda limpia y recupera su radiante pureza.

En ese momento, es cuando se produce en toda su plenitud el milagro de la Misericordia Divina; el abrazo de reconciliación entre el alma y Dios su Creador.

Si una reconciliación entre personas, aporta una inmensa alegría y paz en el corazón; cómo describir, el cúmulo de sensaciones, y de percepciones  que un alma liberada de la impureza de sus miserias, siente al recibir el abrazo de perdón y reconciliación, del que es el Amor Eterno, la Bondad Infinita y la Insondable Misericordia Divina.
                                    ¡¡¡Felicidad en estado puro!!!

jueves, 26 de abril de 2012

MENSAJE DE LA VIRGEN EN MEDJUGORJE 25-04-12

Mensaje del 25 de Abril de 2012

“Queridos hijos, también hoy os invito a la oración y a que vuestro corazón, hijos míos, se abra a Dios como una flor hacia el calor del sol. Yo estoy con vosotros e intercedo por todos. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!”

miércoles, 25 de abril de 2012

CONOCE A JESÚS, PARTE IX

Con frecuencia se olvida, por qué Jesús derramó Su sangre en la cruz, y por qué, nuestro Padre Dios lo Resucitó de entre los muertos. Entre otros motivos, para mostrarnos, que con la muerte no acaba todo. Si no que comienza una vida, totalmente diferente y plena.

Cuando un alma regresa a la Casa de nuestro Padre Dios, y puede permanecer en Su Presencia, porque ha llegado limpia de pecado; el Amor Misericordioso de Jesús la acoge, para que disfrute eternamente de la Gloria de Dios.

En (D. 1448), Jesús dice: Escribe de Mi misericordia. Di a las almas que es en el tribunal de la misericordia donde han de buscar consuelo; allí tienen lugar los milagros más grandes y se repiten incesantemente.

La tierna y amorosa Divinidad de Jesús, no desea, no quiere, que ninguna alma llegue al tribunal de la justicia, donde a Él, no Le queda otra alternativa, que la de ser Juez Justo.

Sabe muy bien, que llegado ése proceso judicial Divino, donde se pone de manifiesto, todo el bien y el mal que se ha cometido en ésta vida; es muy difícil, por no decir imposible, que un alma haiga alcanzado tal grado de perfección, que por sí misma, consiga entrar directamente, en la Casa del Padre.

Por eso pide insistentemente Jesús, que las almas acudan al tribunal de la misericordia, donde Él, en lugar de juzgar, consuela; donde en lugar de sentencias, concede Su perdón, reparte generosamente y sin escatimar las Gracias que estima conveniente para que cada alma, y la acoge en Su misericordia.