Aprovechemos bien el tiempo que Dios nos
permite estar en éste mundo, que aunque sea “un valle de lágrimas” como lo
define la oración de la Salve, es una experiencia única en la que Dios nuestro
Padre, nos da plena libertad de elección.
Elección entre lo correcto o lo fácil; lo
bueno o lo malo; lo justo o lo injusto, la humildad o la soberbia; la
generosidad o la avaricia; la entrega a los demás o el egoísmo, el amor o el
odio; la misericordia o la ruindad; etc. etc…
En definitiva, a través de esas múltiples
elecciones, orientamos nuestra vida hacia el Cielo, donde nos espera en Su Casa
nuestro Padre Dios para compartir con nosotros la Vida Eterna; o hacia el
Infierno donde reside el príncipe de éste mundo, que lucha incansablemente por
atraernos hacia él, con falsas apariencias y expectativas, intentando hacernos
ver que la única realidad del ser humano, radica en éste mundo, en el que ha
ido evolucionando a lo largo de la historia, que a nada ni a nadie tiene que
rendir cuentas, porque nada hay después de la muerte, y que lo único que nos
debe importar, es, por encima de todo, lo que tenemos, lo que somos, lo que
disfrutamos, y lo que podemos alcanzar, con su inestimable ayuda y poder.
Somos demasiados los que nos dejamos o nos
hemos dejado llevar por esas falsas apariencias y expectativas, y eso Dios lo
sabe perfectamente.
Por eso envió a Jesús, para mostrarnos la
auténtica realidad y dimensión del ser humano, y la voracidad extrema del
príncipe de éste mundo, que se atrevió a tentar al mismísimo Hijo de Dios en un
momento de debilidad de Jesús, después de pasar cuarenta días en el desierto
sin agua ni comida como relata el Evangelio.

También conoce muy bien nuestras flaquezas,
debilidades y limitaciones, por eso está siempre disponible a perdonarnos, si
con confianza y firme propósito de enmendar y corregir nuestras decisiones
equivocadas, nos acercamos a Él, pero si ese acercamiento lo hacemos el día de
la Fiesta de Su Misericordia, nos concede el perdón total.
Cuánto Amor y generosidad por Su parte, no
nos pide grandes proezas, ni trabajos que expíen el daño causado por el peso de
nuestras culpas, que a lo mejor sólo unos pocos superdotados podrían conseguir
realizar y salvarse. No, Él nos quiere y nos Ama a todos por igual, quiere
salvarnos a todos, no quiere que ninguno se pierda. En el apartado D. 1516 le
dice a Santa Faustina: Diles a las
almas, hija Mía, que les doy Mi misericordia como defensa, lucho por ellas Yo
solo y soporto la justa ira de Mi Padre.
No dejemos solo a Jesús, Él soporta la justa
ira, que le provoca a Nuestro Padre, el peso de los pecados que cometemos,
aligeremos ese peso y ayudemos a Jesús, consiguiendo el perdón de nuestros
pecados y motivando a cuantos nos rodean a que hagan lo mismo, porque de Jesús
ha brotado ésta Fiesta para el consuelo del mundo entero, como dice en el
apartado D. 1517: Hija Mía, di que esta
Fiesta ha brotado de las entrañas de Mi Misericordia para el consuelo del mundo
entero.
El 30 de Abril del 2000 en el proceso de
canonización de la Beata Mª Faustina Kowalska, nuestro querido Beato Juan Pablo
II, siguiendo el expreso deseo de Jesús designó como “Domingo de la Fiesta de la Misericordia Divina”, al primer domingo
después del domingo de Resurrección.